LA ANTIGUA COMUNIDAD JUDIA DE LA CUIDAD DE VIDIN (3)

Rocío Yóssifova Avrámova

A mi padre Yóssif Arón Avrámov Shamlí con respeto y gratitud
in memoriam.

Bajo el yugo otomano (1396 -1878)

Bononia-Bdin-Badin pasó a denominarse Vidin con el inicio de la dominación otomana. Las grandes crisis sufridas por toda Bulgaria perjudicaron seriamente también a la comunidad judía, que tras llegar a la cumbre de su desarrollo, decayó en el siglo XVII, hasta convertirse en una comunidad hebrea minoritaria y más bien pobre. Tendría que llegar el siglo XIX para que resurgiera de nuevo como una comunidad numerosa y económicamente potente. La derrota del ejército del rey Segismundo junto a la ciudad de Nikópol en el año 1396 no hizo perder la esperanza de liberación a la población de Bulgaria. En la ciudad de Vidin y en sus alrededores fueron frecuentes las luchas y los levantamientos encabezados por el hijo del zar Iván Stratsimir, Constantino, que las fuentes históricas llaman zar y emperador de Bulgaria. En el territorio de Tárnovo encabezó la lucha Fruzin, hijo del zar Iván Shishmán y primo de Constantino. Luchaban aliados con húngaros, serbios y valacos. Todas estas luchas terminaron trágicamente para losbúlgaros porque Vidin estaba predestinada a sufrir otro golpe muy duro.

Los hijos del sultán Bayaceto se disputaban el poder, y uno de ellos, Musa, se alió con los gobernantes balcánicos-vasallos de su padre y en contra de su hermano Suleimán. Sus aliados fueron Constantino y Fruzin, necesitados de apoyos en su lucha por la liberación. Musa fue vencido dos veces por su hermano y siempre encontró refugio en Vidin. Pero después de su victoria contra Suleimán, sus hordas saquearon y devastaron las tierras de Bulgaria y Serbia en el año 1411. En 1412, Vidin se sublevó contra él, pero un año más tarde Musa la reconquistó y consumó su venganza. Sobre las terribles consecuencias de estos acontecimientos nos informa una crónica serbia: «Musa venció a los búlgaros y los desterró el 23 de abril de 1413». Los desolados Constantino y Fruzin vieron como única posibilidad de devolver la independencia de su patria la alianza con el Sultán Mehmet contra Musa. Y en una nueva campaña de los húngaros, serbios y valacos murieron junto a Vidin 25000 turcos. Una investigadora sobre está época, la doctora Bistra Tsvetkova admite que la colaboración de la población de Vidin y de la población de Bulgaria Occidental tuvo gran influencia en el éxito de la campaña. No pocas veces está población demostró su intransigencia contra el poder extranjero.

Los vecinos de Bulgaria, preocupados por su destino, buscaron el apoyo de los búlgaros y en sus luchas heroicas veían reflejada su esperanza de verse libres del yugo otomano. Pero al mismo tiempo tenían presente el deseo del rey Segismundo de conquistar Vidin y el territorio occidental de Bulgaria. La primera cruzada de los húngaros, checos, polacos, serbios y valacos terminó en el mes de diciembre del año 1443 junto a Sofía y estimuló los ánimos de los pueblos balcánicos en su lucha.

Durante la Segunda Cruzada, encabezada por Vladislao III Tagellon y Juan Hunyadi, el ejército de los húngaros, checos, polacos y transilvanos atacó el 26 de septiembre de 1444, la fortaleza de Vidin. Tras la conquista de Oriájovo con ayuda de la población local los cruzados chocaron con la resistencia firme de la guarnición turca de Nikópol. Tras la conquista de no pocas nuevas fortalezas turcas, el 10 de noviembre de 1444 el ejército de los cruzados fue derrotado de manera catastrófica junto a Varna, donde en su retirada cayeron muertos, ahogados, heridos y presos más de 10000 cruzados.

A pesar de su colaboración y apoyo ocasionales los búlgaros se mostraron por lo general reservados y cautos, porque: «los cruzados engreídos saqueaban incluso los pueblos y las iglesias de los búlgaros indefensos, lo que molestaba enormemente a la población». El temor de la población cristiana a la venganza turca fue tan grande, que según el cruzado comandante de la flota de Burgundia, hasta 12.000 búlgaros cargaron en carros todas sus pertinencias posibles y escaparon con su ganado, para dirigirse a Valaquia, ya que los señores feudales de Valaquia necesitaban buena mano de obra en sus dominios.

La fama de Bulgaria como país que acogía a los sufridos refugiados judíos no disminuyó ni siquiera después de su caída bajo el yugo otomano. A este hecho ayudaba la poca información que al respecto llegaba a los judíos de Occidente. Tras la conquista de Vidin, que devastó la ciudad, la comunidad hebrea empezó a animarse y recuperar sus fuerzas. La llegada de judíos de Hungría, Alemania, Francia y Eslovaquia reavivó la vida económica e intelectual de la comunidad. El rabino Solomón Eshkenazi de Eslovaquia fundó una escuela rabínica, y su alumno, el rabino Dosa de la familia Pizanti nativa de Vidin escribió en el año 1430 el libro Pirush u Tosafot con un comentario en rashí sobre la Tora. En el período del reinado del zar Iván Stratsimir, Vidin fue un auténtico centro de escuelas, de estudio e investigación judías. Hoy en día, el Museo Británico, en Londres posee un Evangelio de la época, la biblioteca de la ciudad belga de Gante posee un libro de Bdin, escrito en 1360 por orden de la zarina Ana de Vidin. El manuscrito del rabino Dosa, guardado en la biblioteca de Oxford, constituyó también una expresión valiosa de la vida cultural de la ciudad medieval de Vidin.

Desde aquel entonces, entre los judíos de Vidin, Nikópol y Pleven se conservaron algunos nombres con terminaciones del tipo húngaro. Por ejemplo, por influencia de Ianosh húngaro el nombre judío de Iakob derivó hacia Iako y Iakosh, Sabato Sabat dio Bitush y los nombres femeninos Menda y Mercada dieron Mindusi y Merkusha, receptivamente. Tras la llegada de los asquenazíes húngaros, Vidin sufrió las crueldades de Vlad Drácul que gobernó el Principado de Valaquia desde 1436 hasta 1446. Valaquia estaba subordinada al Sultán. Los comerciantes judíos de Vidin y de otras ciudades vecinas iban al norte de Danubio con mercancías orientales porque los mercados de Vidin y las provincias colindantes del Danubio se habían empobrecidos por causa de la guerra y de las crisis económicas. En 1443 Vlad Drácul se reveló contra el Sultán y, según datos del libro del rabino Elía Capsali, Devré Eliahu (capítulo 25), cuyo manuscrito se encuentra en Oxford, Vlad Drácul reunió a todos los judíos y turcos de su principado, les cortó la oreja derecha, les sacó un ojo y les confiscó sus bienes. Pero el sultán Mehmet II ordenó al Pachá de Vidin arrestar al rebelde Vlad Drácul por la fuerza o con artimañas. El Pachá fue a Valaquia junto con su secretario, pero el rebelde Vlad Drácul los ahorcó; después él atacó Vidin y otras zonas de Bulgaria del norte, incendió muchos pueblos e hizo prisioneros a 25000 personas, en su mayoría turcos, búlgaros y judíos, y a muchos de ellos ahorcó. Aparte de en las obras de Elía Capsali y en la historia rumana de Cogalenicheanu, estos acontecimientos fueron narrados en una crónica sajona del 1477. Entonces el sultán Mehmet llegó a Vidin y de ahí pasó a Valaquia con un gran ejército que le permitió la anexión del país. La cruel reacción del gobernador Vlad Drácul contra los turcos es fácil de comprender también contra los judíos, pues estaba muy influido por el antijudaísmo de la lase feudal de Europa Occidental y avivando el antijudaísmo en su país derivaba la atención del pueblo de sus propios problemas. Lo que es mucho más incomprensible es su salvaje comportamiento contra los búlgaros, cristianos ortodoxos como él mismo, a los que el mismo había invitado a asentarse en Valaquia tras la frustrada cruzada del año 1444. No es de extrañar, en consecuencia que muchos búlgaros de Vidin no quisieron pasar a Valaquia y dejar sus hogares cambiando simplemente un yugo por otro yugo, el de los señores feudales de Valaquia. A mediados del siglo XV se afincaron en Vidin un gran número de judíos de Baviera. La unieron a la comunidad asquenazí húngara de Vidin que existía desde hacia 94 años, por semejanza de ritos y de costumbres.

Como mencionamos antes, en el año 1492 llegó a Vidin una nutrida comunidad sefardí. Esta ciudad, además de los asquenazies y sefardíes, acogió también a una parte de los judíos expulsados de Francia por el rey Carlos VI. Durante el siglo XVI Vidin estuvo en el centro de las revueltas acontecimientos políticos de Europa del Suroeste, porque durante el reinado de casi 50 años de Solimán I (1520-1566) el objetivo principal de los turcos fue la conquista de Hungría. Su política exterior tuvo un reflejo directo en el destino de la provincia de Vidin, que fue la retaguardia de las constantes campañas bélicas de los turcos.

A partir del año 1396, las confrontaciones entre Hungría y el Imperio Otomano que seguía su impetuosa expansión tuvieron carácter inestable. El Sultán Solimán el Legislador aspiraba firmemente a conquistar una buena parte de la Europa Central. Sus victorias comenzaron con la conquista de Belgardo en 1521 y con la campaña que en el año 1526, se saldó con la derrota de Hungría en Mójach y la caída de Buda. Tres años después el enorme ejército de Solimán sufrió a su vez una severa derrota junto a Viena. Pero deseoso de expulsar al poder austríaco de parte de Hungría, el Sultán pudo, con su quinta campaña de 1541 convertir bastantes territorios conquistados en dominio del Pachá de Buda. Eso suponía para Turquía una tensión constante en las fronteras de Noroeste y obligaba a mantener en Vidin numerosas unidades militares en situación de alerta permanente. Para consolidar su dominio sobre el territorio búlgaro, los otomanos instalaron sistemáticamente a inmigrantes turcos. La colonización de las ciudades encerró los búlgaros en barrios llamados «varosh». Los musulmanes y los no musulmanes que eran ciudadanos de Vidin se distribuían en diferentes comunidades, según su religión, y también según los barrios. Los búlgaros fueron registrados en 14 barrios, la mayoría de los cuales llevaban como nombre el del párroco. El registro del año 1530 deja constancia de nueve barrios turcos, 320 familias turcas y 246 búlgaras. Se hallan registradas 5 familias de Dubróvnik y 7 familias judías. Si calculamos un promedio de 4-5 personas por familia, el número de los judíos asciende a 30-35 personas. ¡ Qué diferencia entre estos datos y la población de Vidin de hacía 25 años, con sus dos comunidades de romaniotas y asquenazíes! ¡ Qué distintos eran el Vidin del primer período otomano y el Vidin magnífico y numeroso del zar Iván Stratsimir! Pero pese a las causas objetivas de la decadencia de la población búlgara y hebrea de Vidin, se puede también pensar que las cifras del registro no eran bien precisadas por los funcionarios de la Hacienda. En lo que respecta a los judíos epecialmente, es probable que sólo se pretendiese registrar a las familias más conocidas de la ciudad. La suerte variable y tantas veces trágica de las ciudades de la orilla del Danubio, y sobre todo de Vidin, está reflejada en el desarrollo de sus poblaciones hebreas con sus idas y venidas entre los siglos XVI y XVIII. En el siglo XVIII, la comunidad de Vidin creció y hasta alcanzó la cifra de 50 familias que en cualquier caso quedaba alejada de la de Sofía, que ya contaba con 800 familias y de la de Nikópol, con sus 206 familias judías. Todo ello era fácilmente explicable. Vidin era una ciudad castigada por las contiendas bélicas, asfixiada por la colonización otomana y abrumada por su papel de lugar de tránsito de los inmigrantes judíos hacia el interior de Bulgaria y hacia el Este por la orilla del Danubio en dirección a las recién formadas ciudades de Lom, Oriajovo, Nikopol, Svishtov y Russe. La historia y la tradición de estas ciudades mencionan inmigrantes judíos de Vidin, después del siglo XVIII. Elhistoriador de Vidin Dimítar Tsújlev consideró como algo muy positivo el asentamiento de los judíos en la provincia de Vidin. Su llegada, en su opinión: «tenía consecuencias beneficiosas porque trajeron consigo dinero y riquezas y reavivaron el comercio que paulatinamente pasó a sus manos tras la llegada de los expulsos de Dubróvnik en el año 1688. Los judíos trajeron a Vidin muestras de la cultura y de la arquitectura musulmana, de lo que son testimonio diferentes monumentos (edificios, fuentes, etc.). Pero la relevancia de la comunidad judía de Vidin se debía menos a su número que a su participación en el comercio y en la introducción de nuevas mercancías. El historiador de Vidin cita al viajero Hans Vahenuzen cuando decía que «las mercancías austríacas de hierro y cobre, de cualquier tipo, materiales de vidrio y de loza, pañuelos de varios colores y tela de algodón, telas inglesas de lana, productos de cuero, brochas, abanicos de Persia, zapatillas, chanclas, etc., eran los artículos principales en los talleres y las tiendas de los judíos».

Durante el siglo XVI, la población no musulmana y el comercio de Vidin dependieron de la situación que fluctuaba entre períodos pacíficos y etapas de luchas internas. El comercio de la colonia de Dubróvnik sufría una grave crisis provocada por las restricciones legales del Sultán, y por las dificultades de las vías de comercio de pieles que constituían la mercancía clave para exportación a Dubróvnik. Por cada partida manufacturada importada, los turcos cobraban impuesto obligatorio. Según la agenda comercial de Benedeto Resti de Sofía, su oficina comercial en el período de 1590-1605 negociaba con Vidin, Nikópol, y otras ciudades en Bulgaria del Norte a través de comerciantes locales (búlgaros, hebreos y turcos). La crisis hizo que los señores de Dubróvnik empezaran a vender sus casas. Pero la república de Dubróvnik quería mantener a toda costa sus colonias en el territorio búlgaro bajo el poder otomano, y se negaron a su liquidación. El Rector de la República de Dubróvnik multó a Mateo Lupi, de la misma ciudd de Dubróvnik, por haber vendido su casa de Sofía al judío Inda Bermoze. Otros comerciantes fueron sancionados por haber permitido que pasasen las pocas casas, tiendas y talleres de la colonia de Dubróvnik a manos de personas de otra religión (especialmente judíos), con lo que disminuía el poder económico de las colonias de Dubróvnik. La participación de los judíos en la vida económica continuó su desarrollo porque eran hábiles intermediarios entre la administración turca y los comerciantes extranjeros, porque tenían relaciones y lazos con los productores de las ciudades y los pueblos, y porque ejercían de agentes comerciales y apoderados de los comerciantes de Dubróvnik. Por otro lado, tanto en lo relativo a sus negocios, como en lo relativo al trato con intermediarios, los comerciantes judíos soportaron todos los inconvenientes que solía sufrir el comercio en los territorios dominados por el feudalismo osmanlí, que a veces llegaba hasta el saqueo y el asesinato. Llevados de su espíritu emprendedor, losjudíos de Vidin se introdujeron también en la producción y en el comercio de queso y se hicieron grandes especialistas en queso curado. En relación con todo esto se vieron obligados a buscar el consejo jurídico del famoso rabino y canónico Samuel de Medina (1506-1589) de Salónica, conocido en la hebraística bajo el nombre de Rashdam llamado también Moarshadam. Las consultas hechas por los rabinos del vasto Imperio Turco (incluidos los de Vidin, Sofia, Nokópol, etc.) en el campo del derecho rabínico procesal y sus respuestas, fueron transcritas en dos tomos, bajo el titulo de Piske de Medina (Las decisiones de Medina) aparecidos en 1580 y 1582 en Salónica. Tras su muerte se editaron cuatro tomos más Seelot Utesubot (Preguntas y respuestas: 995 en total) El rabino fue representante de una clase social de ricos comerciantes judíos, dueños de grandes capitales y animadores clave del intercambio comercial en las tierras búlgaras. En algunos casos, Samuel Medina dictó sentencias de carácter muy progresista a favor de los obreros y de los pobres, estipulando por ejemplo, que no se podía encarcelar a un deudor sólo a petición de un acreedor perjudicado.

Algunos judíos de Vidin firmaron contratos con unos ganaderos turcos para producir queso. Pero cuando llegaron al lugar donde estaba el rebaño para recibir la leche, se encontraron con la desagradable sorpresa de que las ovejas estaban ya ordeñadas por sus dueños. Por consiguiente, los judíos resultaban claramente perjudicados y el contrato perdía su validez. Según otra pregunta de 1558 Iosef Chelik, y Shelomó Uziel eran socios en la producción del queso extraído de la leche de 20 rebaños de ovejas. Algunos competidores no judíos no tenían los moldes para el queso, y Shelomó Uziel les prestó los suyos. Se menciona que estos elaboradores de queso preparaban el queso de leche de búfalos.

No se han conservado las sentencias, que Samuel de Medina falló en relación con estás preguntas pero más importante es la riqueza de los datos documentales sobre la actividad de los judíos de Vidin en el área del comercio y de la agricultura. Hay que tener en cuenta que el queso era una mercancía muy valorada en el mercado de la exportación.

El año 1559, en la comunidad judía de Vidin, ocurrió algo insólito. Llegó a oídos del rabino Samuel Kalai que Iosef Chelik y Shelomó Uziel no asistían al proceso de la elaboración del queso, que lo dejaban en manos de los pastores con lo que los productores no adquirían la condición de «kasher» y no se ajustaban a los tradicionales preceptos judíos. En la asamblea convocada por el rabinato, ambos socios reconocieron su culpa y prometieron observar estrictamente en el futuro las exigencias religiosas. Pues parece que siguieron incumpliendo la promesa, que solemnemente habían jurado, porque el rabino prohibió terminantemente en la sinagoga a la comunidad que comprara dicha producción.

Durante el siglo XV y el XVI comenzaron a asentarse en los territorios balcánicos que estaban bajo el yugo otomano algunas aisladas familias judías. Eso se debió a la invitación de sus familiares, que ya tenían sus hogares establecidos en el Imperio Turco. Las relaciones entre familias judías seguían siendo muy estrechas a pesar de las distancias y las dificultades del correo. Algunas de sus cartas nos son conocidas. Fueron escritas por judíos que vivían en Vidin y en Sofía, en el año 1530, a sus familiares en otros lugares de Europa. Decían que los cereales y la carne eran más baratos y que tejiendo telas de seda el obrero judío ganaba de 13 a 14 levanim (monedas de plata) por cada 100 metros. Los inmigrantes no vivían lujosamente, pero como escribían a sus familiares: «podían comprarse la ropa y no necesitaban ayuda ajena». No siempre los familiares invitados se animaban a emprender un viaje largo y lleno de riesgos, ya que en tierra abundaban saqueos y asesinatos, y por mar había también miedo a los enfrentamientos marítimos y a los piratas. Por si fuera poco, en Edirne, Constantinopla y Salónica había epidemias de peste. De la total inseguridad de los caminos en el Imperio Otomano fue ejemplo el trágico suceso descrito en el libro de Shelomó Moarshah Tesuvot Moarshah (pregunta numero 51) tomado de un protocolo judicial de la comunidad judía de Vidin del 4 de junio de 1596. En él se da cuenta de que los últimos testigos interrogados declararon que tres judíos de Sofía y un guardia que les protegía en su camino a Vidin fueron asesinados en los alrededores de Pirot, y sus mercancias y su dinero, robados. Y en el libro de Aaron ben Ioséf Sasón - Torat Emet- (pregunta 2 p.10) editado tras la muerte de éste en 1626 en Venecia, se recoge el testimonio de Israel Shimón de Vidin referente al asesinato de otro judío de Valaquia.

Los impuestos eran otra pesada carga para la comunidad judía, ya que se pagaban impuestos generales, impuestos para el mantenimiento del ejército imperial, para mantenimiento de los prados del Sultán, para mantener a los cetreros del Sultán, etc. Los impuestos eran pagados por el conjunto de la comunidad judía, que repartía la suma entre sus miembros con excepción del rabino, de los traductores, de algunos funcionarios con especiales méritos. La suma total se repartía en tres partidas y era revisada cada tres años con el fin de que se ajustase mejor a los cambios en las ganancias de los diferentes miembros de la comunidad.

En un documento de la comunidad judía de Vidin del siglo XVI se especifican las tres categorías de contribuyentes y se indica que cada persona, mayor o joven, tiene que pagar los impuestos, aunque no tenga nada que comer. Cada miembro tenía que pagar 12 dracmas de plata pura. El propietario de un capital de 5000 «acche» tenía que pagar 24 dracmas, y si lo era de 40000 «acche», 48 dracmas. Esta distribución era totalmente injusta, y el mayor peso recaía sobre el pueblo de la primera y segunda categoría: los pobres y la clase media. En Vidin, como en cualquier parte del Imperio Turco, el pueblo llano, incluyendo a los judíos, sufría en su propia carne la violencia y los malos tratos de los corregidores y de los otros funcionarios imperiales. El pueblo se veía obligado a repartir sobornos cuantiosos, y también a veces a pagar los impuestos por partida doble.

El siglo XVI terminó con nuevos sufrimientos para los búlgaros y para los judíos de Vidin. Como consecuencia del desarrollo del capitalismo en Europa Occidental, el Imperio Turco desarrolló un intercambio comercial con los países más desarrollados. Ello provocó una crisis muy seria en el despótico sistema feudal de Turquía. Los judíos tuvieron que cruzar de nuevo el Danubio desde Vidin y Nikópol para realizar sus tratos comerciales en los mercados y ferias de Valaquia. El mismo príncipe Mihái Vitiázul les animaba, y al mismo tiempo les compraba mercancías a crédito. El 13 de noviembre de 1594 invitó a todos los acreedores judíos y turcos a presentarse en Bucarest para recibir las sumas que se les debían directamente del Tesoro Público. Cuando se reunieron todos (los acreedores judíos, los acreedores turcos y la guarnición turca de la capital) Mihái Vitiázul dio la orden de matarlos a todos. De esta manera liquidó sus deudas e imitó la crueldad de Vlad Drácul contra los judíos del año 1443. Hay datos histórcos de que en esta masacre murieron 3 comerciantes de Vidin Ioséf Ruso, Maier Isaac Varon e Isaac Uziel. A continuación vinieron una serie de saqueos, incendios y pillajes por parte de Mihái Vitiázul en todo el territorio del la Bulgaria Septentrional. En estas acciones, Vidin y Nikópol fueron totalmente saqueados. El 25 de mayo de 1596 los valacos incendiaron Pleven y apresaron al almuédano y a 70 judíos como rehenes. Mihái Vitiázul luchó también contra los turcos, pero su retirada fue una tragedia para los búlgaros, porque la venganza de los turcos siempre llegaba de manera inmediata. En el mes de septiembre del año 1598 Mihái Vitiázul, junto con sus capitanes, llegó a Vidin, donde según sus propias palabras «maté a cuantos infieles pude y a todos los cristianos que encontré les obligué a emigrar con sus familias, bienes y ganado a Valaquia».

La situación de los judíos empeoró notablemente en el período de las guerras turco-ruso-austríacas. Por este motivo varias familias judías se trasladaron a Sliven, Berkóvitsa, Svishtov y otras ciudades. En el siglo XVIII, la situación de los judíos se tornó aún más patética. En Vidin y Nikópol fueron incendiadas las sinagogas. La comunidad hebrea buscó ayuda y apoyo en las demás comunidades de Bulgaria y los correligionarios de Sofía, Plóvdiv y Pleven ayudaron generosamente. La situación de la población de Vidin llegó a ser crítica en los tiempos de la insubordinación de Osmán Pazvántoglu, quien usurpó el poder en Vidin. El rebelde tuvo un médico judío a quien culparon de haber envenenado a Osmán Pazvántoglu cuando éste sufrió una enfermedad prolongada. Esta calumnia agravó la situación de los judíos todavía más. Los pogroms estaban a punto de abatirse sobre toda la comunidad, cuando Osmán Pazvántoglu evitó la catástrofe.

A pesar de todo, la decadencia de la gloriosa comunidad judía de Vidin era ya inevitable.

Rocío Yóssifova Avrámova

Retour au sommaire


- Copyright © 2001: Moïse Rahmani -